lunes, 15 de mayo de 2017

Bosquejo interestelar

 
Flowers (1914), Juan Gris

William Carlos Williams à Frank O’Hara à Ted Berrigan
nuestro legado
conversacional –hojas de parra–,
it’s 5.15 a.m. in New York City & I’m doing this & I’m doing that…
en algunos casos eran flashbacks
y en otros sí que eran las 4:16 a.m. de verdad.
No tenemos nada,
Marjorie Perloff points out: «free verse now dominant not
only in the Unitated States but also around de world, has
become, with notable exceptions, little more than linear
prose, arbitrarily divided into line lenghts».
Boscán y Garcilaso desconsolados.
Procedural form, Oulipo, tres tristes tigres:
a quién le importa.
Hemos descubierto su secreto, lo que siempre supimos
pero no tuvimos el valor de articular:
todo es una gran mentira.
Pasos en la Rua dos Douradores,
el e-mail que tengo que enviar pero
algo me lo impide
como en El ángel exterminador.
Nada cambia y todo es diferente,
como verter el mismo vino negro
en el festín de Polifemo
y pestañear con astucia y devoción,
sin que sea el ritmo lo que cambia 
–es una mazurca de Chopin–
ni la forma de mirar,
sino la conciencia con la que creemos mirar
y acaso vivir.
Una conciencia que es como una tela
que nos venda los ojos
pero que no es del todo opaca
y deja intuir la resistencia a la noche
que Dylan Thomas advertía.
Dejar de lado esa conciencia y que la venda
se diluya como aquel muro que resuena.
Sentir la avalancha de disconformidad
sin otra alegoría que este momento irreverente
en el que el testimonio no es un resistencia
y sólo existe la palabra inmisericorde
como la de Dios en el Antiguo Testamento.

*Robert O'Hara

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