miércoles, 23 de noviembre de 2016

Desatenciones

Nacer de nuevo (1960), Remedios Varo.

Me comporto,
estudio, limpio la casa, no como nada de procedencia animal,
voy al gimnasio, leo el Ulises buscando todas las referencias
que no me permitan comprender el texto en un libro
que me compré especialmente para ello –no busco todas las referencias
porque cualquiera que haya leído el Ulises sabrá que la referencialidad
es constante, infinita, imposible, abrumadora, expansiva: mil
puertas para los sentidos, y aquí lo celebramos–,
me planifico los días, las horas, las lecturas del academicismo
que no dejará nunca de decepcionarme,
seré la mujer sola y compelida por su propia obsesión,
seré un verbo aprisionado por la lente de la diligencia
porque sólo así podré domesticar este tembloroso
arrobo, un ansia sin cercos que me asusta, una incapacidad
para vivir y nada más.
Me comporto,
mi deseo acotado aguarda un simple goteo para
desplegar su verborrea infernal. Soy decepcionante,
acojo proyectos imposibles sólo para verme fracasar,
me gusta sentir el control de mi propia vulnerabilidad.
Calculo cada caída, pruebo mi predisposición para amar y morir,
soy ligera como una enfermedad velada
por la indiferencia del tiempo, alunizo sobre la superficie gris
de una herida añeja. No hay estrategia alguna: gana el deseo.
Se impone la incandescencia sobre este gris,
las cenizas son plañideras desveladas
delineando el incendio de los cuerpos.
Sigo estando viva. Maldita sea, sigo queriendo todo
lo que los idiotas quieren. No hay ningún secreto en mí,
siempre fui capaz de hacerlo,
y eso me cegó para todo lo demás.

3 comentarios:

  1. Yo le pediría la mano a tu padre. Pero no tengo dote. Fatal fatal

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  2. Lo que no digas ser poco más revelador será...

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  3. Lo que no digas ser poco más revelador será...

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