miércoles, 23 de noviembre de 2016

Desatenciones

Nacer de nuevo (1960), Remedios Varo.

Me comporto,
estudio, limpio la casa, no como nada de procedencia animal,
voy al gimnasio, leo el Ulises buscando todas las referencias
que no me permitan comprender el texto en un libro
que me compré especialmente para ello –no busco todas las referencias
porque cualquiera que haya leído el Ulises sabrá que la referencialidad
es constante, infinita, imposible, abrumadora, expansiva: mil
puertas para los sentidos, y aquí lo celebramos–,
me planifico los días, las horas, las lecturas del academicismo
que no dejará nunca de decepcionarme,
seré la mujer sola y compelida por su propia obsesión,
seré un verbo aprisionado por la lente de la diligencia
porque sólo así podré domesticar este tembloroso
arrobo, un ansia sin cercos que me asusta, una incapacidad
para vivir y nada más.
Me comporto,
mi deseo acotado aguarda un simple goteo para
desplegar su verborrea infernal. Soy decepcionante,
acojo proyectos imposibles sólo para verme fracasar,
me gusta sentir el control de mi propia vulnerabilidad.
Calculo cada caída, pruebo mi predisposición para amar y morir,
soy ligera como una enfermedad velada
por la indiferencia del tiempo, alunizo sobre la superficie gris
de una herida añeja. No hay estrategia alguna: gana el deseo.
Se impone la incandescencia sobre este gris,
las cenizas son plañideras desveladas
delineando el incendio de los cuerpos.
Sigo estando viva. Maldita sea, sigo queriendo todo
lo que los idiotas quieren. No hay ningún secreto en mí,
siempre fui capaz de hacerlo,
y eso me cegó para todo lo demás.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Apuntes para una teoría del cuento


Robot Rescue(2015), Mark Bryan.

Hay un breve fragmento en el Viejo Testamento en el que Dios dice: «Porque yo estoy creando un nuevo cielo y una nueva tierra, y toda memoria de las cosas que han sucedido no penetrará en la mente ni el corazón». Cuando descubrí este párrafo tuve la tan eufórica como incómoda sensación de haber recibido un secreto incomunicable, absoluto. Un secreto tan perfecto que hacía imposible incluso una de las pocas felicidades de un secreto: contarlo. Según lo que se lee en la Biblia –al menos eso creo entender– nosotros no somos más que un cuento de Dios. Un cuento –y no una novela– que no le salió muy bien. Y por eso Dios ya está escribiendo otro cuento donde la memoria de nuestro triste cuento no tendrá lugar alguno.
Tal vez por eso comenzaron a morirse los escritores, tal vez por eso el caos apocalíptico de nuestro planeta donde hace años se han esfumado los límites entre lo verdadero y lo falso, entre la ficción y la no ficción.
Tal vez Dios nos esté borrando de su libro, arrugando las hojas de nuestros papeles y provocando estas extrañas fuerzas, estas tormentas bizarras, esos finales tan parecidos a principios.
Tal vez su próximo cuento sea mucho mejor que éste, más ordenado, más feliz, más fácil de comprender.
Me encantaría poder leerlo cuando termine de escribirlo.
  
Rodrigo Fresán, La velocidad de las cosas, Barcelona, Tusquets, 2002, p.210.

martes, 8 de noviembre de 2016

Oración de los fieles


Autoretrato en la frontera de México y Estados Unidos (1932), Frida Kahlo.


Oremos:

Nos quitaron mucha tierra,
luego nos echaron de esta tierra.
Quisimos regresar
y todavía lo estamos haciendo.
Nos golpean,
nos dicen puercos mexicanos,
váyanse de aquí.

[Como si respondieran en coro.]
Pero seguimos cruzando.

Nos dicen frijoleros gasosos,
nada tienen que hacer
en la tierra de la libertad.
The land of free.

Pero seguiremos cruzando.

Construyeron un muro de concreto
y dijeron con esto
ya no van a cruzar
los desgraciados.

Pero seguimos cruzando.

Levantaron detrás de ese muro
otra gran muralla
y dijeron ahora sí,
ahora sí los vamos a detener.

Pero seguiremos cruzando.

Intensificaron el patrullaje,
reclutaron a más hombres,
sobrevolaron helicópteros
para que fuera más difícil
acercarnos a las ciudades
y a los campos agrícolas
que nos dan trabajo.

Nos detuvieron un poco, es cierto.
Pero decidimos entonces
cruzar por el desierto,
por las montañas,
por donde ellos decían
que la naturaleza nos impediría el paso.
Nadie cruza por ahí,
nadie se atreve,
decían ellos.

Pero seguimos cruzando, y por ahí empezamos a morir. Miles de latinoamericanos han muerto intentando cruzar la frontera entre México y Estados Unidos a través del gran desierto. El frío, el calor insoportable, el desierto, el río, las montañas nos están tragando.

Pero seguiremos cruzando.


Luis Humberto Crosthwaite, Instrucciones para cruzar la frontera, Barcelona, Tusquets, 2011, pp. 171-173.