domingo, 15 de mayo de 2016

Organismo

James Brooks
A poem bleeds
Metaphorically, just like I do.

Charles Bernstein
6:00-7:00 
Cuando me enfrento a un nuevo texto
enciendo el ordenador, abro un documento
en blanco y aparece el cursor latiendo.
Entonces comprendo que todo es natural,
que el poema no es más que un cuerpo
necesitado de oxígeno, oxígeno que la sangre
recoge de su paso por los pulmones
y que el corazón, apenas perceptible
en esa barra parpadeante, deberá bombear
conquistando así el territorio quedo
e inexpresivo de la página traslúcida;
o por el contrario fracasará al no expulsar
la sangre suficiente para satisfacer
las demandas del metabolismo, algo que
provocaría dolor torácico, un síntoma
atribuido a la angustia del escritor.

El corazón es un vacío que se manifiesta
en dos fases: la sistólica y la diastólica.
La escritura es algo así, la erupción volcánica,
el silencio distendido y de nuevo la succión o lectura,
todo formando parte de una misma sangre,
todo siendo el mismo fluido que alimenta
la herida torrencial de la existencia.

De este modo, ligados a nuestros aciertos y errores,
ambos nos plantamos a la espera:
yo espero al poema
y el poema espera bombear el silencio con
al menos una sola palabra.