sábado, 6 de febrero de 2016

Felicidad de sábados nublados




Vertientes opalinas, gatos incrustados en los huesos,
torres de ramas escuálidas, pesadumbre nebulosa.
Sabía que hoy no iba a buscar trabajo.
Cazaba instantes desarmados desde el sillón 
y la cáscara iba endureciéndose hasta 
cubrir todo su cuerpo. Voces ajenas me confirman

lo que ya temía, que mi voz es prescindible.
Pon el radiador a uno. Dónde está la ratita del gato. Hoy 
comemos alcachofas. A las cuatro hay partido. Tengo 
miedo pero estoy cómoda en la hiperconsciencia
que adormece. Quietud. Se hace el milagro.
Te colma el cripticismo. El hogar te abraza, sus rincones
fríos te sostienen y todas las telas son el
manto que cubre el sueño que has de desempolvar
desde la invalidez de tus actos y la mirada
conmovida. Joya fragmentada en los vértices de los ojos.
Cierra los párpados/cortinas cuando el atardecer
comience a disparar sus victorias.
Su calma rugosa encontrará cobijo en las horas vacías
y ya no habrá otro tiempo y otra escarcha,
sólo la tibieza de una mano que recupera el vigor,
la sangre dulce e imparable conquistándolo todo. 

1 comentario:

  1. Y sí habrá otro tiempo y otra escarcha, y no sé si la tibieza de una mano, pero seguramente sí.

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