jueves, 25 de febrero de 2016

Visceralidad, un principio de mi supuesta escritura, de mi no-poesía y de mis pocas y muchas ganas de vivir.


Fuimos a buscar trabajo. Todas esas verdades a medias que pretenden categorizar las malas costumbres. Rechistar. Fuimos a buscar trabajo, era mediodía y acabamos tomando dos cañas que hicieron del resto del día una suspensión subyacente en cada gesto vacío. Estaba perdida en la parálisis de mi estómago, algo inevitablemente atrayente y agotador, cada vez más adentro y ajeno. Estar fuera de tu cuerpo, observar como la vida continúa sin ti, sin necesidad siquiera de que asientas. Como en Siddharta, dejarse corromper y  purgase al máximo para que nada dé resultado, entonces. Ver que la banalidad tiene un ritmo imparable que no precisa de ti. Tu cuerpo se sigue moviendo pero tú no estás allí. En el territorio de la despedida, un surco, se esconden las conversaciones más poderosas, aquéllas que jamás sucedieron. Sigues hablando pero no estás en posesión de lo que dices. Llega hasta mí el huracán y estoy preparada para descomponerme. Te ves abocada a la inercia como una ola de gravedad. Soy superviviente o convaleciente, según se mire. Tu cuerpo ha sido invadido por la costumbre y ya no te necesita. Hemos perdido, amor. En este lugar grisáceo viertes tu tiempo y observas la desposesión de tu vida. Y sin embargo no estás sola del todo. Hay algo que te hace sentir desdichada y poderosa al mismo tiempo. Conexiones. Como si tras el telón de la renuncia se escondiera la estancia perfecta de la hiperconsciencia, una pérdida constante. En donde menos esperabas. La desesperanza y sus frutos.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Un poema de Rolando Rosas Galicia.

Perro de luna (1973), Rufino Tamayo.


Las perras del olvido

Es el sepia corroído de la imagen
donde mi madre me abraza y soy algo borroso
cada vez más. 
A ese cuerpo que se le va de las manos le quedan dos o tres 
calles,un callejón y la luz polvorienta. 
Si en un antes fui reflejo en la transparencia, 
ahora soy el animal de la palabra fango.

Camino por sitios que sólo imagino.
Avanzo pero no dejo huella. El salitre se levanta, me cubre.
El griterío de los niños me arroja a otra parte. 
“Vete, largo, tú no estás en nuestros sueños.
Déjanos existir” 
Mi madre arrea el rebaño de bestezuelas.
Y yo siento que mi voz se hace polvorín. 

La muerden las perras del olvido. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Un poema de Agustín Fernández Mallo, Ya nadie se llamará como yo + Poesía reunida (2015).

Elegy to the Spanish Republic Nº 110 (1971), Robert Motherwell.


Desde que en 2013 se confirmó la existencia del bosón de Higgs,
el vacío no es la nada, sino un lugar lleno de partículas.
Queda así la nada reservada para el lenguaje de la poesía,
las religiones, el ámbito de lo que algunos llaman lo difuso.
La realidad, por mediación del lenguaje, como un río
se ha creado a la vez que escindido.

Ello me plantea un problema, radical duda que se hunde
en el lodo de mi lenguaje aprendido:
buscarte en el vacío o en la nada, en cuál
estás tú ahora.

sábado, 6 de febrero de 2016

Felicidad de sábados nublados




Vertientes opalinas, gatos incrustados en los huesos
torres de ramas escuálidas, pesadumbre nebulosa.
Sabía que hoy no iba a buscar trabajo.
Cazaba instantes desarmados desde el sillón 
y la cáscara iba endureciéndose hasta 
cubrir todo su cuerpo. Habría que poner el
radiador a 1 por lo menos. Tengo 
miedo pero estoy cómoda en la hiperconsciencia
que adormece. Quietud. Se hace el milagro.
Te colma el cripticismo. El hogar te abraza, sus rincones
fríos te sostienen y todas las telas son el
manto que cubre el sueño que has de desempolvar
desde la invalidez de tus actos y la mirada
conmovida. Joya fragmentada en los vértices de los ojos.
Cierra los párpados/cortinas cuando el atardecer
comience a disparar sus victorias.
Su calma rugosa encontrará cobijo en las horas vacías
y ya no habrá otro tiempo y otra escarcha,
sólo la tibieza de una mano que recupera el vigor,
la sangre dulce e imparable conquistándolo todo. 

viernes, 5 de febrero de 2016

Entre todos tus celajes

Bacchus #3 (1978), Elaine de Kooning.


Hay una perversión viva en este vientre,
archipiélagos de insomnio, vertebras inherentes
a un recorrido desbocado que se agarra a las caderas.
Te observo como a un cataclismo que me inunda 
las córneas. Mitigando acervos y adentrándote
cada vez más en el paraje que nos reclama.
Un empobrecimiento común enreda nuestras piernas
y acompaña los días de reclusión en la estampida
de las ciudades.
Y de nuevo adentrarse al desconocimiento ardiente
del primer envión, el vértigo de la disolución chispeante,
el primer llanto que ofrecía su mano
a lo que ya nunca seremos.

jueves, 4 de febrero de 2016

Youth / La giovinezza (2015), Paolo Sorrentino




─You know what’s the difference between you and me?
─What.
─Ultimately, I never liked life well enough.