lunes, 19 de diciembre de 2016

Tu idea de la división

Lost I (2008), Heather Shimmen.

Sin dinero y aceptando
el absoluto silencio de mi mente,
sin que a nadie haga daño
ni a nadie haga sentir nada,
miro este silencio
que se hunde en mi mano.
Y mientras pensar es un camino,
todo está hecho
de lo que queremos comprender.
O todo es lo que al saberse da dolor
y hace germinar las llamas
de una creación que de todo viene
y a todo mira.


El cielo de los topos (2015), Bruno Montané Krebs.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Desatenciones

Nacer de nuevo (1960), Remedios Varo.

Me comporto,
estudio, limpio la casa, no como nada de procedencia animal,
voy al gimnasio, leo el Ulises buscando todas las referencias
que no me permitan comprender el texto en un libro
que me compré especialmente para ello –no busco todas las referencias
porque cualquiera que haya leído el Ulises sabrá que la referencialidad
es constante, infinita, imposible, abrumadora, expansiva: mil
puertas para los sentidos, y aquí lo celebramos–,
me planifico los días, las horas, las lecturas del academicismo
que no dejará nunca de decepcionarme,
seré la mujer sola y compelida por su propia obsesión,
seré un verbo aprisionado por la lente de la diligencia
porque sólo así podré domesticar este tembloroso
arrobo, un ansia sin cercos que me asusta, una incapacidad
para vivir y nada más.
Me comporto,
mi deseo acotado aguarda un simple goteo para
desplegar su verborrea infernal. Soy decepcionante,
acojo proyectos imposibles sólo para verme fracasar,
me gusta sentir el control de mi propia vulnerabilidad.
Calculo cada caída, pruebo mi predisposición para amar y morir,
soy ligera como una enfermedad velada
por la indiferencia del tiempo, alunizo sobre la superficie gris
de una herida añeja. No hay estrategia alguna: gana el deseo.
Se impone la incandescencia sobre este gris,
las cenizas son plañideras desveladas
delineando el incendio de los cuerpos.
Sigo estando viva. Maldita sea, sigo queriendo todo
lo que los idiotas quieren. No hay ningún secreto en mí,
siempre fui capaz de hacerlo,
y eso me cegó para todo lo demás.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Apuntes para una teoría del cuento


Robot Rescue(2015), Mark Bryan.

Hay un breve fragmento en el Viejo Testamento en el que Dios dice: «Porque yo estoy creando un nuevo cielo y una nueva tierra, y toda memoria de las cosas que han sucedido no penetrará en la mente ni el corazón». Cuando descubrí este párrafo tuve la tan eufórica como incómoda sensación de haber recibido un secreto incomunicable, absoluto. Un secreto tan perfecto que hacía imposible incluso una de las pocas felicidades de un secreto: contarlo. Según lo que se lee en la Biblia –al menos eso creo entender– nosotros no somos más que un cuento de Dios. Un cuento –y no una novela– que no le salió muy bien. Y por eso Dios ya está escribiendo otro cuento donde la memoria de nuestro triste cuento no tendrá lugar alguno.
Tal vez por eso comenzaron a morirse los escritores, tal vez por eso el caos apocalíptico de nuestro planeta donde hace años se han esfumado los límites entre lo verdadero y lo falso, entre la ficción y la no ficción.
Tal vez Dios nos esté borrando de su libro, arrugando las hojas de nuestros papeles y provocando estas extrañas fuerzas, estas tormentas bizarras, esos finales tan parecidos a principios.
Tal vez su próximo cuento sea mucho mejor que éste, más ordenado, más feliz, más fácil de comprender.
Me encantaría poder leerlo cuando termine de escribirlo.
  
Rodrigo Fresán, La velocidad de las cosas, Barcelona, Tusquets, 2002, p.210.

martes, 8 de noviembre de 2016

Oración de los fieles


Autoretrato en la frontera de México y Estados Unidos (1932), Frida Kahlo.


Oremos:

Nos quitaron mucha tierra,
luego nos echaron de esta tierra.
Quisimos regresar
y todavía lo estamos haciendo.
Nos golpean,
nos dicen puercos mexicanos,
váyanse de aquí.

[Como si respondieran en coro.]
Pero seguimos cruzando.

Nos dicen frijoleros gasosos,
nada tienen que hacer
en la tierra de la libertad.
The land of free.

Pero seguiremos cruzando.

Construyeron un muro de concreto
y dijeron con esto
ya no van a cruzar
los desgraciados.

Pero seguimos cruzando.

Levantaron detrás de ese muro
otra gran muralla
y dijeron ahora sí,
ahora sí los vamos a detener.

Pero seguiremos cruzando.

Intensificaron el patrullaje,
reclutaron a más hombres,
sobrevolaron helicópteros
para que fuera más difícil
acercarnos a las ciudades
y a los campos agrícolas
que nos dan trabajo.

Nos detuvieron un poco, es cierto.
Pero decidimos entonces
cruzar por el desierto,
por las montañas,
por donde ellos decían
que la naturaleza nos impediría el paso.
Nadie cruza por ahí,
nadie se atreve,
decían ellos.

Pero seguimos cruzando, y por ahí empezamos a morir. Miles de latinoamericanos han muerto intentando cruzar la frontera entre México y Estados Unidos a través del gran desierto. El frío, el calor insoportable, el desierto, el río, las montañas nos están tragando.

Pero seguiremos cruzando.


Luis Humberto Crosthwaite, Instrucciones para cruzar la frontera, Barcelona, Tusquets, 2011, pp. 171-173.

sábado, 30 de julio de 2016

Some Trees


River Palace (2015), Jeremy Miranda


These are amazing: each
Joining a neighbor, as though speech
Were a still performance.
Arranging by chance 


To meet as far this morning
From the world as agreeing
With it, you and I
Are suddenly what the trees try


To tell us we are:
That their merely being there
Means something; that soon
We may touch, love, explain.


And glad not to have invented
Such comeliness, we are surrounded:
A silence already filled with noises,
A canvas on which emerges


A chorus of smiles, a winter morning.
Placed in a puzzling light, and moving,
Our days put on such reticence
These accents seem their own defense.



Some Trees (1956), John Ashbery.

domingo, 10 de julio de 2016

Configuración de la última orilla: tres poemas.




LEJOS DE LA FELICIDAD

Lejos de la felicidad.

Sumirse en un estado que se asemeja a la desesperación, sin lograr no obstante alcanzarla.

Una vida a la vez complicada y sin interés.

Desvinculado del mundo.

Los paisajes inútiles del silencio.

Un amor. Uno solo. Violento y definitivo. Hecho pedazos.

La gente está desencantada.

Todo aquello que tiene en su naturaleza surgir, tiene en su naturaleza cesar. Sí. ¿Y qué? Yo la amé. La amo. Desde el primer momento ese amor fue perfecto, completo. En realidad no se puede decir que el amor aparezca; más bien, se manifiesta. Si se cree en la reencarnación, el fenómeno resulta explicable. La alegría de reencontrarse con alguien que ya conocemos, que siempre hemos conocido, desde siempre, en una infinidad de encarnaciones anteriores.
Si no se cree, es un misterio.

Yo no creo en la reencarnación. O, más bien, no lo quiero saber.

Perder el amor es también perderse a uno mismo. La personalidad se esfuma. No nos quedan ni las ganas, no contemplamos ya siquiera lo de tener una personalidad. Ya no somos, en sentido estricto, más que sufrimiento.

Lo mismo es, con diferentes modalidades, perder el mundo. El vínculo se rompe de inmediato, desde el primer segundo. El universo es, al principio, extraño. Luego, poco a poco, se vuelve hostil. También él es sufrimiento. No hay nada más que sufrimiento.

Y siempre esperamos algo.

El conocimiento no entraña sufrimiento. No podría de ninguna manera. Es, con exactitud, insignificante.
Por las mismas razones, tampoco puede entrañar felicidad.
Todo lo que puede entrañar es cierto consuelo. Y ese consuelo, muy débil al principio, se vuelve poco a poco nulo.

En conclusión, no he podido descubrir ninguna razón para buscar el conocimiento.

Imposibilidad repentina ─y aparentemente definitiva─ de interesarse por cualquier asunto político.

Todo lo que no sea puramente afectivo deviene insignificante. Adiós a la razón. Ya no hay cabeza. Sólo corazón.

*

El amor, los demás.

Los sentimientos hacen mejor al hombre incluso cuando son de infelicidad. Pero, en este caso, lo mejoran matándolo.

Hay amores perfectos, plenos, recíprocos y duraderos. Duraderos en su reciprocidad. Es ése un estado supremamente envidiable, todos lo sentimos así. Sin embargo, paradójicamente, dichos amores no suscitan ningún tipo de celos. Simplemente existen. Y, simultáneamente, todo lo demás puede existir.

Desde que desapareció, ya no puedo soportar que los demás se separen; ya no puedo soportar siquiera la idea de la separación.

Me miran como si fuese a ejecutar acciones ricas en enseñanzas. Y no es el caso. Estoy a punto de sucumbir, eso es todo.

Quienes temen morir temen, de igual modo, vivir.

Tengo miedo de los demás. No soy amado.

La muerte, tan maleable. 


*

Me he venido al jardín donde reposas
Envuelta por el silencio
Se ponía el sol y el cielo se cubrió de rosa,
Y me ha dolido tu ausencia.

Siento tu piel contra la mía,
Lo recuerdo lo recuerdo
Y quisiera que todo volviese
Estaría bien. 


Michel Houellebecq, Configuración de la última orilla, Barcelona, Anagrama, 2016. 

domingo, 15 de mayo de 2016

Organismo

James Brooks
A poem bleeds
Metaphorically, just like I do.

Charles Bernstein
6:00-7:00 
Cuando me enfrento a un nuevo texto
enciendo el ordenador, abro un documento
en blanco y aparece el cursor latiendo.
Entonces comprendo que todo es natural,
que el poema no es más que un cuerpo
necesitado de oxígeno, oxígeno que la sangre
recoge de su paso por los pulmones
y que el corazón, apenas perceptible
en esa barra parpadeante, deberá bombear
conquistando así el territorio quedo
e inexpresivo de la página traslúcida;
o por el contrario fracasará al no expulsar
la sangre suficiente para satisfacer
las demandas del metabolismo, algo que
provocaría dolor torácico, un síntoma
atribuido a la angustia del escritor.

El corazón es un vacío que se manifiesta
en dos fases: la sistólica y la diastólica.
La escritura es algo así, la erupción volcánica,
el silencio distendido y de nuevo la succión o lectura,
todo formando parte de una misma sangre,
todo siendo el mismo fluido que alimenta
la herida torrencial de la existencia.

De este modo, ligados a nuestros aciertos y errores,
ambos nos plantamos a la espera:
yo espero al poema
y el poema espera bombear el silencio con
al menos una sola palabra.

domingo, 17 de abril de 2016

En dos sitios distintos mencionan a Hockney

Winter Timber (2009), David Hockney.

En dos sitios distintos mencionan a Hockney
y ya sé finalmente quién no soy. Mi lecho
desvalido es una enorme puerta, por lo tanto tengo
dos opciones: 1) pestañear y limitar la panorámica =
plano romo de violetas / bosquejos  / las peonías de Gelman;
2) no hacerlo y quedarme ciega de tanta inmensidad
─que no es más que otra visión ajena a lo minucioso.
El ramaje púrpura, las sendas interminables, destellos escindidos
que son historias sobre la anécdota de algo que no
podemos comprender. La obra es otra pieza añadida
y nada nunca es el resultado, sólo la imagen
sometida a la fragilidad del instante que conmemora
la conciencia torpe de los hombres.
Mi lecho desvalido es como un tenedor sin puntas =
plano romo de árboles / piscinas / mosaicos.
Cada vertiente es un nuevo desequilibrio que nos posiciona
en un nuevo desconocimiento. Y tu mirada se adolece
reclamando una salida cuando el abismo no perdona.
Recogemos las armas aun sabiendo a ciencia cierta que
en el momento preciso nos fallarán, pero seguimos
confiando en los contornos inestables, la expansión  
policroma y humedecida que nos condujo a reconocernos
bajo una misma luz, un trayecto silenciado que recupera
todo por lo que entregamos nuestras vidas y nuestra pasión.
En esta lucha de los ojos sólo la sal nos alimenta.

domingo, 13 de marzo de 2016

Estrella muerta

Time is a river without banks (1930-1939), Mark Chagall. 

La reiteración de soñar contigo apenas me parecía importante
por la cantidad de años que viene sucediendo y por asumir
que serás la herida inquebrantable o ese virus que retorna
de vez en cuando, sin embargo anoche cuando volví a soñar contigo fue radicalmente diferente. Es decir, como siembre había sexo y palabras enormes que se extendían como las siete plagas. Como siempre el azul gélido inyectado en sangre de tus ojos. Pero esta vez el sueño no asumía su infranqueable trecho de irrealidad y de forma más tangible que las caricias pesaba la verdad de que habíamos vuelto, y sobre todo: pesaba la dicha de que habíamos vuelto. En esa realidad, a pesar de las imágenes recurrentes, a pesar de follar con furia, se iniciaba un intervalo de tiempo en el volvíamos a nuestros respectivos mundos y éramos felices porque habíamos vuelto. Menuda estupidez. Hablábamos por el chat como siempre. Conversaciones exaltadas apenas sin interrupción, devorándonos y agotando todo el tiempo posible sin aborrecernos. Tecleábamos ilusionados, y yo te veía sonriendo y tú me veías sonriendo, ambos desde nuestras respectivas distancias. Y luego yo me iba a hacer cosas y seguíamos hablando por el móvil. Los mensajes esos de siempre que seguramente nos daría vergüenza enseñar a alguien porque son bastante ridículos, aunque nosotros somos unos románticos con muy mal gusto y nunca nos ha importado. Y luego nos volvíamos a encontrar y después de follar con tenacidad íbamos a mirar colchones, creo que habíamos follado en un sofá y precisábamos de una buena cama. Entonces íbamos por un pasillo con muchas puertas, y en cada puerta había una habitación de diferentes características y con colchones diferentes. Nos asomamos a una en la que el colchón estaba lleno de manchas sobre un suelo cubierto de paja y apenas había luz y yo te decía que no estaba tan mal teniendo en cuenta la clase de zulo en el que tú dormiste durante años.  Entonces cernió una certeza que tornó el sueño en pesadilla y me despertó. Una certeza que persistía también estando despierta. Y seguía mientras tenía los ojos abiertos y esperaba que se disipara. Pero no lo hizo. Cómo era posible si agotaste todas las formas de extinguir la única luz en este tugurio hacia el que avanzamos inciertamente. Sí, la certeza colosal: todavía te amaba y jamás volveríamos juntos. Todavía te amaba y siempre iba a ser así, ese instante iluminado era como una estrella muerta que a años luz donde yo me encontraba constataba su existencia y acompañaría mis pasos durante el resto de mi vida y por eso debía asumir que a pesar de toda la destrucción a la que me llevó, ese sentimiento era puro e indefectible y por lo tanto esa nostalgia dolorosa que me acechaba aparecería más veces, a pesar de que hacía dos años que no lo hiciese, y que seguiría apareciendo con irregularidad y constancia y que yo debía saber que eso no cambiaba que tú anularas todas las posibilidades de vivir una vida juntos, que eso no cambiaba que cada punto invertido en el que estábamos anclados lo corrompiera todo, que cada mirada nos diera una esperanza absurda, más allá de las decisiones vitales la estrella estaba allí, más allá de tus mierdas, más allá de mis traumas, más allá de no volver a confiar y de no volver jamás, repito, ese instante riela en la sombra del corazón, que es el último lugar al que llega la muerte. Tu nombre. Apenas un delirio y vuelta a empezar. 

jueves, 25 de febrero de 2016

Visceralidad, un principio de mi supuesta escritura, de mi no-poesía y de mis pocas y muchas ganas de vivir.


Fuimos a buscar trabajo. Todas esas verdades a medias que pretenden categorizar las malas costumbres. Rechistar. Fuimos a buscar trabajo, era mediodía y acabamos tomando dos cañas que hicieron del resto del día una suspensión subyacente en cada gesto vacío. Estaba perdida en la parálisis de mi estómago, algo inevitablemente atrayente y agotador, cada vez más adentro y ajeno. Estar fuera de tu cuerpo, observar como la vida continúa sin ti, sin necesidad siquiera de que asientas. Como en Siddharta, dejarse corromper y  purgase al máximo para que nada dé resultado, entonces. Ver que la banalidad tiene un ritmo imparable que no precisa de ti. Tu cuerpo se sigue moviendo pero tú no estás allí. En el territorio de la despedida, un surco, se esconden las conversaciones más poderosas, aquéllas que jamás sucedieron. Sigues hablando pero no estás en posesión de lo que dices. Llega hasta mí el huracán y estoy preparada para descomponerme. Te ves abocada a la inercia como una ola de gravedad. Soy superviviente o convaleciente, según se mire. Tu cuerpo ha sido invadido por la costumbre y ya no te necesita. Hemos perdido, amor. En este lugar grisáceo viertes tu tiempo y observas la desposesión de tu vida. Y sin embargo no estás sola del todo. Hay algo que te hace sentir desdichada y poderosa al mismo tiempo. Conexiones. Como si tras el telón de la renuncia se escondiera la estancia perfecta de la hiperconsciencia, una pérdida constante. En donde menos esperabas. La desesperanza y sus frutos.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Un poema de Rolando Rosas Galicia.

Perro de luna (1973), Rufino Tamayo.


Las perras del olvido

Es el sepia corroído de la imagen
donde mi madre me abraza y soy algo borroso
cada vez más. 
A ese cuerpo que se le va de las manos le quedan dos o tres 
calles,un callejón y la luz polvorienta. 
Si en un antes fui reflejo en la transparencia, 
ahora soy el animal de la palabra fango.

Camino por sitios que sólo imagino.
Avanzo pero no dejo huella. El salitre se levanta, me cubre.
El griterío de los niños me arroja a otra parte. 
“Vete, largo, tú no estás en nuestros sueños.
Déjanos existir” 
Mi madre arrea el rebaño de bestezuelas.
Y yo siento que mi voz se hace polvorín. 

La muerden las perras del olvido. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Un poema de Agustín Fernández Mallo, Ya nadie se llamará como yo + Poesía reunida (2015).

Elegy to the Spanish Republic Nº 110 (1971), Robert Motherwell.


Desde que en 2013 se confirmó la existencia del bosón de Higgs,
el vacío no es la nada, sino un lugar lleno de partículas.
Queda así la nada reservada para el lenguaje de la poesía,
las religiones, el ámbito de lo que algunos llaman lo difuso.
La realidad, por mediación del lenguaje, como un río
se ha creado a la vez que escindido.

Ello me plantea un problema, radical duda que se hunde
en el lodo de mi lenguaje aprendido:
buscarte en el vacío o en la nada, en cuál
estás tú ahora.

sábado, 6 de febrero de 2016

Felicidad de sábados nublados




Vertientes opalinas, gatos incrustados en los huesos
torres de ramas escuálidas, pesadumbre nebulosa.
Sabía que hoy no iba a buscar trabajo.
Cazaba instantes desarmados desde el sillón 
y la cáscara iba endureciéndose hasta 
cubrir todo su cuerpo. Habría que poner el
radiador a 1 por lo menos. Tengo 
miedo pero estoy cómoda en la hiperconsciencia
que adormece. Quietud. Se hace el milagro.
Te colma el cripticismo. El hogar te abraza, sus rincones
fríos te sostienen y todas las telas son el
manto que cubre el sueño que has de desempolvar
desde la invalidez de tus actos y la mirada
conmovida. Joya fragmentada en los vértices de los ojos.
Cierra los párpados/cortinas cuando el atardecer
comience a disparar sus victorias.
Su calma rugosa encontrará cobijo en las horas vacías
y ya no habrá otro tiempo y otra escarcha,
sólo la tibieza de una mano que recupera el vigor,
la sangre dulce e imparable conquistándolo todo. 

viernes, 5 de febrero de 2016

Entre todos tus celajes

Bacchus #3 (1978), Elaine de Kooning.


Hay una perversión viva en este vientre,
archipiélagos de insomnio, vertebras inherentes
a un recorrido desbocado que se agarra a las caderas.
Te observo como a un cataclismo que me inunda 
las córneas. Mitigando acervos y adentrándote
cada vez más en el paraje que nos reclama.
Un empobrecimiento común enreda nuestras piernas
y acompaña los días de reclusión en la estampida
de las ciudades.
Y de nuevo adentrarse al desconocimiento ardiente
del primer envión, el vértigo de la disolución chispeante,
el primer llanto que ofrecía su mano
a lo que ya nunca seremos.

jueves, 4 de febrero de 2016

Youth / La giovinezza (2015), Paolo Sorrentino




─You know what’s the difference between you and me?
─What.
─Ultimately, I never liked life well enough.





viernes, 29 de enero de 2016

Un poema de Bruno Montané Krebs.

Cementerio (1988), Graciela Iturbide.

Falsas madrigueras

Un animal me dice que el río más hermoso 
es el mar.
Te quedas solo porque otro cuerpo te refleja
o te lleva a calles, fábricas de rutina y deseo.
Imágenes con un montón de centros:
mandalas que son el tambor
de una antigua ametralladora.
Un rostro solo corre el peligro de ser una nube,
un sol que se infla hasta quedar atrapado
en el jardín de las palabras ferozmente dichas.
Como un par de manos sin cuerpo
aferrándose a la barandilla
mientras la tormenta desarrolla
su interior de terror y naturaleza. 

sábado, 23 de enero de 2016

cartografías

Untitled (#5) (2015), Guy Maddin.

La vida es la hojarasca que baña la ciudad de paradojas irreversibles.

Poética = 0

Poesía = acatar cabizbajo sus infinitas posibilidades hasta besar el suelo; en este caso, se trata de una prosa liberada, desnuda y adobada de soledad.

Creo que he muerto de inanición para alimentar esta tierra musgosa y fértil.

Expectativas = 0

Yo = ? = . (punto intermitente que renuncia a conocerse y por lo tanto es aunque ignore el motivo à desaprender)

Poesía = puertas ventanas ataúdes

Poética = ni puta idea ─quizás la declaración más sincera de la historia de la literatura, pasen y vean. 

Estoy latiendo en cada letra, quizás ésa sea la única verdad.

La vida es una tenue discusión con un fantasma cuyo rostro nunca se nos descubrirá.

Poesía = infinitas posibilidades de fracaso/infinitas posibilidades de supervivencia

domingo, 17 de enero de 2016

Una minúscula historia sobre el fracaso o la estética pessoana de la abdicación

Shadow (1982), Andrei Tarkovsky.

Vivieron creyendo dejar de lado todo aquello
que les fue efímero y consecuentemente vital.
Creyeron prescindir de las herrumbres
y las marquesinas resplandecían,
cada uno en su intemperie acomodada.
Pero el valor del acato era demasiado tenue
y no había forma de extinguir la culpa
por ser mediocres, por llorar ante el televisor
con cualquier excusa, por abastecerse de
ilusiones superfluas.
Temían mirar atrás y mancharse de sangre las manos
al deslizar la mirada por el campo abierto
colmado de cadáveres. Cada uno un sueño distinto,
una invocación al desabrigo que retó a las lagunas más gélidas
y acabó por imponerse. El frío retorno al hogar.
Y el canto de madrugada. La llamada a un nuevo fin
que era la vida. La vida, dijo, desposeer
y tentar: los sueños revientan y quizá por eso estemos vivos.
Los sueños se nublan y la oscuridad es como la robustez
de un árbol abrazando el invierno.
Su voz se extendía hacia las grutas más profundas
pero nadie del exterior escuchó una sola palabra.