martes, 30 de junio de 2015

Declaración de inicio




Cada uno de mis poemas pretendió 
ser un instrumento útil de trabajo    
(Estocolmo, 1971)  
                                       
Pablo Neruda



Las páginas no sirven.
La poesía
sino la forma de una página, la emoción,
una meditación ya tan gastada.
Pero, en concreto, señores, nada cambia.
En concreto, cristianos,
no cambia una cruz a nuevos montes,
no arranca, alemanes,
la vergüenza de un tiempo y de su crisis,
no le quita, marxistas,
el pan de la boca al millonario.
La poesía no hace nada.
Y yo escribo estas páginas sabiéndolo.


Muertos y disfraces (1974), Marco Antonio Campos.

lunes, 29 de junio de 2015

Desciendo a mi paraíso común

 Untitled (1980), Francesca Woodman

La tristeza es sublime,
lo subliminal de la tristeza es poesía.
Un riachuelo de plata en mis manos,
el destino oculto
que prometen las madrugadas
es siempre una mirada hacia el vacío opaco.

Y entre tú y la vida
ya me di muerte.

Caminar por tugurios, pechos y espaldas.
Desempolvar la luz del plumaje ceniciento
sin negar lo que se es:
una celosa amante de la tristeza.

viernes, 26 de junio de 2015

flâneries: el no-cielo parisiense según Cioran

 vres-Babylone (1948), Willy Ronis. 


El tedio parisiense, meridional, balcánico...
El tiempo enmohecido sobre las casas, sobre las fachadas que la historia ha salpicado de hollín… Venecia es reconfortante comparada con la cautivadora desesperanza de las calles disolventes de París. Paso por ellas y todas las congojas que provocan las vacilaciones de la fortuna  se me antojan sutiles vaivenes, timbres de gloria que me hacen ir codo a codo con la ciudad cansada. ¿En qué creer aquí? ¿En los hombres? Pero si ellos fueron. ¿En los ideales? Después de tantos, implicaría carecer de estilo. Reposo, entonces, en las fatigas de Francia y me elevo hasta el prestigioso hastío de su corazón.
La bruma gotea sobre París sus paraguas de pensamiento y se vuelve expresión de la historia antes que de la naturaleza. París está viviendo en el siglo de la niebla. ¿Por qué no puedo imaginármela en la época de los Luises? La niebla parece traducir un momento y no una esencia. La naturaleza participa en un ocaso histórico.
Me vuelvo hacia las casas y me quedo mirándolas. Y cada una de ellas se vuelve hacia mí. «Acércate, tú no estás más solo que nosotras», murmuran mis compañeras de días vacíos y noches interminables. Podemos sucumbir al encanto de las ciudades italianas, pero en ninguna parte se estará más cerca de las cosas que se integran en el hombre.
Cuando tarde ya, purificado de suspiros nocturnos, das vueltas y más vueltas sin esperanzas y sin desilusiones alrededor de la iglesia de Saint-Severin, de Saint-Etienne-du-Mont o te pasas horas y horas en la plaza de Saint-Sulpice, esperando una mañana que no deseas, la ciudad despoblada se eleva contigo hacia las inmensas inutilidades del silencio. ¿Sabrás tú hasta dónde la hiedra que flota diseminada allí donde el Sena refleja Nôtre-Dame, se ha reflejado en ti? A menudo he descendido con ella en el ahogar virtual de sus sinuosidades melancólicas.
Y en pleno día, sacudido por la sugestión de una ausencia, las fragancias de París hacían cobrar vida al vacío de tu razón de ser. Este es Su encanto, el verter consolaciones de belleza sobre los males incurables del alma, llenar de impalpables sortilegios los vacíos creados por el tiempo en que se vive. La ciudad te comprende. Se posa sobre tus heridas. Te crees perdido: en ella te reencuentras. No necesitas nada; está ante ti. Solamente Ella pude reemplazar a un amor (como el amor, también ella se te sube al corazón) y, qué extraño desatino, los hombres aman más aquí. Es tanto lo que he sido en ella que, si la abandonara, me separaría de mí mismo.
Jamás he visto un cielo tan alejado como el que se ve desde el fondo de los callejones en los que me emborrachaba de oscuridad. Pero en los bulevares, este cielo se extiende de pronto sobre la ciudad y prolonga indefinidamente el tedio con el que sueña sobre tejados pensativos.
Y aunque reviviera todos los firmamentos que se ciernen sobre mares mediterráneos y las neblinas generosas que bañan las landas bretonas, ninguno de ellos podría borrar su recuerdo. Y cuando quiero definir su encanto, caigo en mí y me lo defino: la imposibilidad de ser azul. Las nubes se deshacen lentamente; los jirones de azul no se encuentran. No pueden éstos conseguir componer un cielo que se busca y no se realiza. Los rayos de luz se filtran difusos por indecisas nieblas y se posan sobre un espacio enturbiado. Extensión gris y blanca, siempre está tapando algo: el cielo está más allá. París no tiene «cielo». Y, de tanto esperarlo, te mezclas con la niebla luminosa, pierdes en ella tu desengañada añoranza por el azul celeste, te desvaneces en la gama pardusca y caprichosa de la bóveda aparente, con el pensamiento puesto en un más allá que no sabes si quieres o no. El cielo holandés de París…
Con él me he entendido como jamás lo he hecho con nadie. Cuando elevaba la mirada hacia su inestabilidad, cada uno de sus aspectos traducía una de mis impaciencias. Cambia de hora en hora, se compone y se descompone: inconstancia de la altura, demonio escéptico del azul y de las nubes. Abandonado muy a menudo en el crepúsculo humano de la Ciudad, ¿cómo habría salido yo de la inmediatez del ninguna-parte del amor sin el consuelo de su alta vecindad? Es un otoño en flor, un fin teñido de aurora. Lo lleva uno consigo bajo todos los otros cielos.
… Y cuando, harto de atardeceres al mediodía, bajas al sur ansiando primaveras, el azul resulta ser una felicidad que envenena muy pronto su propia abundancia. La desesperanza de los días idénticos, el abuso de cielo, la saciedad de lo inmaculado se adueñan de ti y miras hacia la fuente de los consuelos con odio y aversión. ¿Dónde esconderse de tanto cielo, del inflexible sol, de la siniestra repetición del esplendor? Cuando no se tiene corazón para tanto azul ni espacio en los pensamientos para los candores de la luz, el hastío endulza con su veneno la severidad de la cruel irradiación y proyecta oquedades de pensamiento en el desierto monótono. ¿Cómo encontrar felicidades que puedan comprarse con un cielo como ése? Su perfección mata a toda alma nacida de imaginaciones inciertas.

Emil Cioran, «19», Breviario de los vencidos, Barcelona, Tusquets, 2010, 51-55.

viernes, 19 de junio de 2015

Estética de la abdicación


Conformarse es someterse y veces es conformarse, ser vencido. Por eso toda victoria es una grosería. Los vencedores siempre pierden todas las cualidades de desaliento ante el presente que los llevaron a la lucha que les dio victoria. Quedan satisfechos, y sólo satisfecho puede estar quien se conforma, quien no tiene la mentalidad del vencedor. Sólo vence quien nunca alcanza. Sólo quien siempre pierde el ánimo es fuerte. Lo mejor y lo más digno es abdicar. El imperio supremo es del emperador que abdica de toda la vida normal del resto de los hombres del que no siente la preocupación por la supremacía pesar como un fardo de joyas.


Fernando Pessoa, Sobre literatura y arte, Madrid, Alianza, 1985, p. 309.

jueves, 18 de junio de 2015

Fracturas líquidas

 Untitled, Boulder, Colorado (1976), Francesca Woodman.

Todo lo licúa este cuerpo, todo se le escapa. Las palabras se alejan como humo de otros tiempos.
Tu caricia es un viento oscuro y todo se aleja.
Untuoso balanceo mántico de reproches y alegorías,
si esto nos llevase alguna parte
qué nos diríamos.
Pero no importa, porque toda caída disuelve las leyes tiránicas.
El periplo que es condena y fénix,
la estúpida moraleja y la herida sangrante de nuestros nombres.
Ya no me importa tener un imán en los ojos para la infelicidad.
Este inmenso dolor moldea una vida que te es entregada esta noche para que le des muerte.
Así sólo hay recomenzar, así sólo hay aprendizaje:
lo Absoluto tan sólo se confirma a través de su búsqueda imposible. Paradojas indivisibles como nuestros cuerpos a pesar de enlazarse, a pesar de repelerse tras el placer que siempre nos pone tristes, a pesar de no volver a encontrarse jamás, a pesar de existir mañana.
El hallazgo vacío llena las manos si son movidas por la atracción fatal del universo. Así desembarcaste en mis senos, y luego, mucho tiempo después, me diste la mano para pasear por las eternas calles de la discordia.
Desconfiamos con los besos y nos entregamos en la distancia. Ahora somos tan nuestros como ausentes, tan embriagadores e inasibles como un verso.
Y si el paso siguiente es lanzarse al río,
ya sabes lo bien que se me da colmarme de locura, perder los estribos y sacudirme en la certeza de que unos pocos han diseñado esta vida para domesticar a los salvajes.
Ya estoy hundida. Ya estoy despierta.
Si quieres, tengo un océano para ti.
Pero si quieres paso firme, pero si quieres buenas formas, pero si quieres conectores,
aquí no hay nada para ti,
entonces no me busques. 

miércoles, 17 de junio de 2015

Escrito con un nictógrafo



El escriba ha desaparecido
Señaló el sitio vacío
donde los muertos se divierten
La noche penetrando
y el glande inflado de tinta, penetrando
hacen el mismo ruido
que la muerte penetrando
Asisto a su duración en lo instantáneo
SILENCIO DESORBITADO
su fiesta en lo opaco, en lo pleno, en lo plano
la atención lleva un blanco en la frente
lleva una capa de lirones
despiertos
es la época en que la muerte entra muda
Mudo mi cuerpo
Yo me impongo en tu muerte
Yo me guarezco tu muda
tiempo de atenuación
tiempo de purificación
tiempo de lluvias constantes
lo insensible vibra
lo insensible soporta la noche
brota flores en mitad de la noche
en mitad de la página
sobre la panza de la muerte
la orfandad lleva un blanco en la frente
E L P O E M A S E A B R E
esa es tu fuerza
la orfandad es fascinada comandada
Subida a la barca invadida y hundida de muertos
Yo en la prosa de tu libro
En el barco de los muertos
Entre volúmenes huecos mi cuerpo grafía
a otro páramo
descargando letras huesos huecos
El poema se abre
Esa es tu fuerza
El poema toma contacto
Se desliza con brazos extendidos
por las dos orillas
esa es tu fuerza
Me hablabas de una trampa del lenguaje
el poema se abre
SALTAN TUS MUERTOS
C L O W N S
D A N Z A S
interferencia de danzas
palimpsesto de danzas
en lo oscuro
la oscuridad polarizada
Y danzas
Como las danzas de las abejas
invariables
te atraen con sus movimientos mociosos
para extenuar un lugar
para desocultar otro lugar
para fingir invadir para informar
DANZAS
vos estás dictás dilectismos
espacios acopiados sismos
estos muertos son míos
(señalando las palabras)
estos muertos son míos.

Arturo Carrera



sábado, 13 de junio de 2015

A fuerza de caer

Amy Judd


Acomodo hojas viejas sobre los ojos,
ellas me sirven para volar.
Un cenagal henchido de flores,
sobre Cioran y otras astronomías.
Aquí en la cresta, al borde del abismo,
hay un sentimiento equilibrado,
constante.
Si me aproximo un poco más
y rozo esa inasibilidad
que siempre se me antoja acuática,
supongo que me arriesgo a caer.
Perder el equilibrio gravitatorio
es proporcional a la armoniosa guerra del corazón.
Supongo que cuando llegue al fondo no tendré excusa,
muñeca rota.
Ellos no entienden que si no me aventuro al vacío
la orquesta no tocará.
Dependo tanto de esas músicas.
Sólo el vértigo confirma la carne.
Sólo si me destruyo vuelvo a ser.