lunes, 13 de abril de 2015

«La vida es darse. Darse, no hay alegría más alta»: Eduardo Galeano (1940-2015)



Por tantos abrazos, por tantos sueños, por América Latina batiente y combatiente. Por esos versos-río que desembocan invocando la libertad y la dignidad humana. A cada «Sueñan las pulgas con comprarse un perro…» que articulamos sentimos que es imparable, que es infinito. Eternamente gracias.

lunes, 6 de abril de 2015

Navegar é preciso; viver não é preciso

Domingo Lisboeta (1949), Almada Negreiros


(Chapter on Indifference or something like that)

Toda alma digna de sí misma desea vivir la vida en Extremo. Contentarse con lo que le dan es propio de los esclavos. Pedir más es propio de los niños. Conquistar más es propio de los locos, porque toda conquista es [...]
Vivir la vida en Extremo significa vivirla hasta el límite, pero existen tres maneras de hacerlo, y a cada alama elevada cumple escoger una de esas maneras. Puede vivirse la vida en extremo por la posesión extrema de ella, por el viaje ulisíaco a través de todas las sensaciones vividas, a través de todas las formas de energía exteriorizada. Raros son, sin embargo, en todas las épocas del mundo, los que pueden cerrar los ojos cargados de cansancio suma de todos los cansancios, los que lo poseyeron todo de todas las maneras.
Raros son así los que pueden exigir de la vida, consiguiéndolo, que se les entregue en cuerpo y alma; sabiendo no estar celosos de ella por saber tenerle el más completo amor. Pero este debe ser, sin duda, el deseo de toda alma elevada y fuerte. Cuando ese alma, sin embargo, comprueba que le [resulta] imposible tal realización, que no tiene fuerzas para la conquista de todas las partes del Todo, puede seguir otros caminos ─uno, la abdicación total, la abstención formal, completa, relegando a la esfera de la sensibilidad lo que no puede poseer íntegramente en la región de la actividad y de la energía. Más vale superiormente no actuar  que actuar inútilmente, fragmentariamente, insuficientemente, como la innumerable superflua mayoría inane de los hombres; otro, el camino del perfecto equilibrio, la búsqueda del Límite en la Proporción Absoluta, por donde el ansia de Extremo pasa de la voluntad y de la emoción a la Inteligencia, siendo entonces la máxima abdicación no la de vivir toda la vida, no la de sentir toda la vida, sino la de ordenar toda la vida, la de cumplirla en Armonía y Coordinación inteligente.
El ansia de comprender, que en tantas almas nobles sustituye la de actuar, pertenece a la esfera de la sensibilidad. Sustituir por la Inteligencia la energía, romper el lazo entre la voluntad y la emoción, despojando de interés todos los gestos de la vida material, eso es lo que, logrado, vale más que la vida, tan difícil de poseer por entero y tan triste de poseer parcialmente.
Decían los argonautas que navegar es preciso, mas vivir no es preciso. Argonautas nosotros de la sensibilidad enfermiza, digamos que sentir es preciso, mas que no es preciso vivir.

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, Barcelona, Acantilado, 2013, p. 136.




viernes, 3 de abril de 2015

fiebre Bolaño (I)

Roberto Bolaño en su estudio de Tallers, Barcelona, 1979.


SONI

Estoy en un bar y alguien se llama Soni
El suelo está cubierto de ceniza   Como un pájaro
como un solo pájaro llegan dos ancianos
Arquíloco y Anacreonte y Simónides   Miserables
refugios del Mediterráneo   No preguntarme qué hago
aquí, no recordar que he estado con una muchacha
pálida y rica  Sin embargo sólo recuerdo rubor
la palabra vergüenza después de la palabra vacío
¡Soni Soni!   La tendí de espaldas y restregué
mi pene sobre su cintura   El perro ladró en la calle
abajo había un cine y después de eyacular
pensé «dos cines» y el vacío Arquíloco y Anacreonte
y Simónides ciñéndose ramas de sauce   El hombre
no busca la vida, dije, la tendí de espaldas y se 
lo metí de un envión   Algo crujió entre las orejas
del perro   ¡Crac!   Estamos perdidos
Sólo falta que te enfermes, dije   Y Soni
se separó del grupo   La luz de los vidrios sucios
lo presentó como un Dios y el autor
cerró los ojos


Roberto Bolaño, Los perros románticos, Barcelona, Acantilado, 2010, p. 17.