sábado, 26 de diciembre de 2015

Las cosas que te decías cuando te creyeron dormida

On being an angel (1977), Francesca Woodman

Hacíamos el amor como los cangrejos, aunque no sé cómo diablos deben hacer el amor pero seguro que debe implicar algún tipo de inversión en el tiempo. Porque en nuestro caso era invertir al Mesías y cuando eyaculabas era como una especie de escupitajo tibio y tierno, como ácido sulfúrico que poco a poco hacía que mi pecho y mi vientre y mi sexo se allanaran y fueran más transitables para tus intempestivas palabras y visitas. El amor era una inversión en el tiempo, como una cicatriz en la frente que da clarividencia y pesar a partes iguales. Quizás con el tiempo el tiempo volvería a restablecerse. El paso volvería a invertirse y caminaríamos hacia el sentido correcto de las cosas, aunque nadie sepa cuál sea.  Por eso mismo subsanar la inversión conllevaría las mismas consecuencias, e incluso las agravaría. El caso es que la trayectoria era circular y por eso mismo había que abortar el círculo y arrancarlo con tenazas si hacía falta. La forma más fácil fue la que tú elegiste, ésa siempre fue tu manera de hacer y deshacer las cosas. Así, tú optaste por la indiferencia, la indolencia que con los años probablemente se convertiría en una cirrosis ya que  esto no va como un plan de pensiones y en vez de un colchón resulta que estás cavando tu propia tumba. Yo siempre elegía la muerte antes que la clase de muerte que tú siempre elegías y tras la aniquilación final no renací sino que me mantuve desde la renuncia a toda perspectiva. Ya apenas recuerdo mi propia nostalgia, o la recuerdo de forma diferente. Estamos socavando el tiempo para que se pegue un testarazo y cada mirada siembre su propia historia de infinitos exilios. Cada cual con sus venganzas y cordialidades. El terreno sigue húmedo a pesar de tanta sequía y el silencio nutre cada palabra como la sombra de un amor muerto ilumina lo desconocido. 

viernes, 25 de diciembre de 2015

Sobre el por qué una persona no puede mantener los párpados abiertos mientras estornuda


No hay que dar de comer a un ángel comida para aves,
no hay que llorar sobre la espalda de una muchacha
a la que están a punto de crecerle dos alas de miel
porque ya lo sabéis;
cada segundo pasa desapercibida la muerte de un picaflor,
cada segundo un diccionario se convierte en un cementerio para gorilas
y la nieve que suele acumularse en la sonrisa de las flores
se convierte en el agua que terminan bebiendo dos castores enamorados.
Cada segundo echan a un pájaro de una biblioteca,
suben las tasas universitarias
y la mujer de la que hablaremos luego cae desplomada repentinamente
debido al ataque de un enjambre de besos.
Cada segundo un elefante llora desconsoladamente en un zoológico
al darse cuenta de que le es imposible saltar,
cada segundo un pez de colores pierde la memoria
y una luciérnaga se queda sin un duro para pagar el recibo de luz.
Cada segundo un obispo se combe un bocadillo de bogavante
y cinco sueños se rompen de un sopetón al caerse de tus manos
un jarrón lleno de promesas.
Cierto, me enredo como un ciempiés en patines,
no sé escribir y para tener algo que decir
recurro a recoger los vidrios rotos del amanecer aquel en el que nos conocimos
entre los grillos de la transparencia.

¿Pero qué puedo hacer?
Si cada segundo un gato sueña con una empanada de sardinas
y un niño de la guerra llora lágrimas de azúcar,
si cada segundo alguien recuerda a Marilyn Monroe
y arroja al mar su corazón como una rosa alquímica.
Es cierto, cada segundo la luna se aleja un milímetro más de la tierra,
cada segundo alguien lee a Schopenhauer
y flipa  como un caballo que acaba de aprender a bucear,
cada segundo una estrella deja de brillar
y se convierte en ese pañuelo con el que te limpias los besos que se te caen del cielo.

Cada segundo una higuera recoge los latidos de una mariposa
y le ofrece una monea de silicio a un jubilado
que apenas tiene para comer,
cada segundo un primer ministro pierde sin querer un beso en una lavandería
y una enfermera portuguesa lee  a Alberto Caeiro
mientras llora migas de Bacalhau.
Cada segundo 7.150.000.000 de corazones humanos laten
Pero, a su vez, millones se detienen 1 milisegundo si estornudan
quienes lo llevan como una ánfora de sal.

Me enrollo como un chihuahua en una sábana
y como siempre convierto la poesía
en un discurso para una asamblea de chimpancés,
en el idioma que utilizan las abejas cuando hacen el amor
con las patas llenas de polen y equivocaciones.

Pero es que cada segundo el mismo hombre sale de la misma estación de metro,
saca un termómetro debajo de su sombrero,
le pasa la lengua a la lluvia,
enciende un cigarrillo y camina por Oxford Street hasta llegar al Speakers’ Corner
para hablar de los desayunos de Francis Picabia,
luego saluda a las ardillas del Hyde Park,
reparte tarjetas de visita entre los árboles
y sonríe para derretir la nieve de sus pulmones de castor.
Cada segundo la misma chica sale del metro de Marble Arch,
Camina calle abajo, ve al hombre del que acabamos de hablar con un cigarrillo,
le sonríe, se enamora, sigue caminando nerviosamente,
vuelve la mirada atrás y se llena de nieve los labios
por una nueva oportunidad perdida.

Cada segundo una de las ardillas piensa «vaya par de gilipollas».
Cada segundo el hombre enciende un nuevo cigarrillo
y ve a la mujer de la que hablábamos al principio
flotando entre cientos de miles de mariposas.
Cada segundo un nuevo milagro se queda sin trabajo
o pasa desapercibido en una tienda de ultramarinos.
Cada segundo este poema deja de ser un poema,
se saca la corbata, se remanga la camisa
y, sin dejar de mirar hacia el crepúsculo infinito,
pronuncia tu nombre cada segundo hasta hacer cojear a la eternidad.


Nilton Santiago, Las musas se han ido de copas, Madrid, Visor, 2015.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Voz intransitada

Untitled (1961), Joan Mitchell

Más allá del trazo y la herida está el lienzo vertiginoso.

Los mares grises se vuelven salvajes
si perciben el olor a hospital.
Aquella llamada que no cogiste
regresa como la canción de otoño.
Una lluvia de hojas ocres
podrá acariciar rugosamente
esa necesidad de redención.
La culpa nos devuelve al material esterilizado,
mientras que la renuncia nos da las palabras exactas.

La tarde va imponiendo su nuevo tono
y la historia se repliega, cansada de repetirse.
La fronda oscura tintinea, el carmín lacra el delirio.
Ésta es la ofrenda, tómala:
las manos frías,
la mirada grave.
Éste es el camino que rehusaste
y hoy retornas a él apaleada e inextinguible.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Oda de Frank Lima a los poetas de la Escuela de Nueva York



Incidents of Travel in Poetry



Happy Birthday Kenneth Koch/Feb 27

We went to all those places where they restore sadness and joy
and call it art. We were piloted by Auden who became
Unbearably acrimonious when we dropped off Senghor into the
steamy skies of his beloved West Africa. The termites and ants
were waiting for him to unearth the sun in Elissa. The clouds
were as cool as a dog’s nose pressed against our cheeks. I
notice your eggshell skin is as creamy as a lion’s armpit as we
cross the horizon on strands of Yeats’ silver hair. There is a
light coffee flame in his eyes guiding us like an old Irish house
cleaner holding a candle in a black and white English movie.
Yeats’ lips look like an angry Rimbaud illuminating poetry with
his youth and vigorous sunlight. He knew eternity would vanish
the sun at dusk. He caught it with a rainbow tied to his finger.
There was nothing left after that. We cross the equator
heading north following Emily Dickinson’s black bag containing
stems of her longer poems preserved in darkness and memory
like wild pearls thrown overboard to avoid capture by Spanish
pirates. The islands below float by like water hearts in a child’s
aquarium. We are candy wrappers being blown across the
waxed floors of poetry. We land on the Brooklyn Bridge.
Whitman’s past-port face is grinning at the nineteenth century
in the thorny arms of Gerard Manley Hopkins whose head was
set on fire by God’s little hands. The hands that circumcised
the world. Gertrude Stein is a match flaring on a young
woman’s pillow whose birthmarks have been stolen. We cross
the green Atlantic into World War One. We are met by Rilke
dressed in his Orpheus uniform wearing white sonnet gloves
that once belonged to a stone angel. Rilke offers us a glass of
amontillado made from Lorca’s private stock of gypsy tears.
The sherry is not quite as dry as Wallace Stevens’ lush mango
metaphors of familiar objects. Although Stevens’ poems are
fragrant, there is a lingering afterthought of Pound on the
tongue. Pound collected his misty feelings to make raindrops
into European and American poetry. Vagueness became as
sharp as a pencil. Our blue box is not allowed to attend
Apollinaire’s birthday party held by the august Académie
française on the Eiffel Tower. He is being awarded the “Golden
Frog Souffle Award” and a one-way ticket to the Greek and
Roman past to spend afternoons with Williams filling wheel-
barrows with the twentieth century. Both Apollinaire and
Williams could hail a cab on Madison Avenue in any country.
After the bash we toured Paris and London with D.H. Lawrence
who kept stopping to relieve himself of the great mysteries of
life whenever we went by a Bavarian gentian plant. He claimed
he was writing poetry for his new book: Acts of Attention for
Love Poems. Eliot was rebuilding London when we left. It
reminded him of Detroit or Cincinnati or Saint Louis. He was
removing despair from the weather. He thought it affected
people’s minds and did not want to overload Mayakovsky’s
emptiness with old English churches that pray for water heaters
and cloudless nights. Mayakovsky, on the other hand, insisted
there were bugs in Russia who could write poetry just as
interestingly as Eliot. The Russian winter is elegant cruelty
compared with the English milk-toast weather: “A man without
a cloud in his trousers is not a man.” Eliot thought this was the
most boring statement he had ever heard. Although
Cummings’ poems appear unintentional on the surface, he did
not act like a drunken amputee at the dinner table and always
said pleasant things that came out of nowhere. His
conversation was experimental but logical and he investigated
words, mixing them on paper with a pencil. Cummings was all
etcetera after a few drinks. We move the sun to South
America. Neruda had become an organic poet writing about
the fulcra of yes and no. He wasn’t home when we got there,
so we went over to Allen’s for some microbiotic poetry. As
usual, Allen was rolling incense and howling at America. Allen
was always mystical and beautiful when he walked on the
Lower East Side. When he stepped into the old Jewish
pavement, he mystified the habitués. David Shapiro, the Djinn
of subatomic poetry, asked Allen what was the future of poetry
in the borough of Queens? Allen placed the palm of his right
hand on David’s glistening forehead and said: “David, don’t you
know? The future has no future. It is very old and doesn’t
worry about its future anymore, because it has so little left of
it.” Allen made suicide exhilarating when he wrote Kaddish.
Finally, suicide could talk about the pain of living with
unbearable beauty. Beauty was Frank O’Hara talking to Second
Avenue with a diamond in his head. We were the personal
details in Frank’s harem of private lives when LeRoi insisted on
becoming black, abandoning us for a noble cause, according to
Frank, who loved Imamu Amiri Baraka. We were the details in
Frank’s poems and living one’s life was a detail in Frank’s life.
John Ashbery arrived from Paris on a plane made of expensive
suits, shirts, and ties. Like his poems, he was sparkling and
squeaky clean, dressed in elegant language. He is the
daydream that had become a poet. His subject is to have no
subject. Perhaps a casual reference to someone special. He is
a poet of the less obvious in life: the sestina made of clouds.
We crossed the equator on our way to a cocktail party for Gary
Snyder. There is no other life for his outdoor poems,
hitchhiking on hands-on love. Gary seems to have time to
write poems about the notes in his life. Kenneth, on the other
hand, has a paper cup full of wonderful poems. He can write a
poem about a cathedral living in a paper cup. Kenneth travels
everywhere with his paper cup. At a certain time of day,
Kenneth finds room in his paper cup for perfect days and
perfect moments:
Perfect moments when Frank spoke to us.
Perfect moments when Allen spoke to us.
And they sang to us
with human wings
upon which we sleep.


Frank Lima (1939-2013), protégé de Frank O’Hara, Kenneth Koch y Allen Ginsberg, puede considerarse miembro de la segunda generación de poetas de la Escuela de Nueva York. De padre mexicano y madre puertoriqueña, nació en el Spanish Harlem, donde tuvo una infancia difícil y no exenta de violencia. Descubrió la poesía durante su estancia en un centro de drogadicción para menores, bajo la tutela del pintor Sherman Drezler, quien le presentó a sus amigos poetas. Se codeó con todo el mundo, desde Edwin Denby y Joe Brainard hasta Jasper Johns y los de Kooning. Lima apareció en las antologías de la Escuela de Nueva York y publicó dos colecciones de poesía. A pesar de los lazos evidentes, Lima se resistió a identificarse con el movimiento neoyorquino: «No alineo mi estilo de vida y mi trabajo con la segunda generación de la Escuela de Nueva York», le dijo una vez a Guillermo Parra. «No quiero ser un poeta “Latino”… el Arte es mucho más que eso. Mi poesía es mucho más que eso». A finales de los años setenta Lima abandonó el mundo de la lírica para dedicarse a su carrera como chef, y aunque raramente publicó y su trabajo dejó de estar en circulación, continuó escribiendo un poema cada día hasta su muerte. 

sábado, 14 de noviembre de 2015

L=A=N=G=U=A=G=E poets: Charles Bernstein

L=A=N=G=U=A=G=E, 1980, p. 195

Afterword

What's money worth? Not a whole lot if
You come up a few bits short & come
Away empty handed. If that was the case
What would you have to say then? At least
The motorperson knows how to blow a whistle.
At least in the winter it's not summer
(God damn mosquitoes & horseflies). What did
The Mandela say to the Mandela? BOY
HITS IGLOO. Snowed motion, i.e., frosted or
Laminated. To be such a bitter pill
& have nothing wrong. Don't laugh
It really hurted. If you put on
My shirt then what shirt am I
Going to wear? The kind of people
Wear plaid Bermuda shorts. The kind of
People that judge people who wear
Plaid Bermuda shorts. The kind of
Day this has been (I think I am
Falling into a tunnel of love but
Forget to get on). For a long time I'd
Say twirl when I meant 'spin'. Have you
Heard the one about the fly & the
Paper? The fly bottle could not found
The fly. The Mother Bear could not
Find the rest of the story. Harry has his
Troubles too but these are not interesting enough
To bear replay. "That's a very
Suspicious-looking baby." "It's hard
Not to be a baby." "But
Are there really babies or just baby-
Behavior?" ─For the purpose
Of your request I'm including this
Sentence about the influence of John
Ashbery. While the packet
Boat sunk I can still imagine I am
Crawling into it; at the same time the ice
Is too thin to
Pretend to fall through.
Meanwhile, the water is wetter in the
Rich man's pond but doesn't taste
As good. ─Hey wait a minute!
That's a bit too close, try to stay
Back at least 10 inches. So what
If the margins don't
Turn out right? Whadda you mean you're
Going to the next poem? This is the best
Part! Oh, I'm sorry, I guess I misunderstood
You. ─But nobody seems to want to hear
About the pain we men feel
Having our prerogatives questioned.
A bunch of darn-dash pragmatists
With justice on their side (for all
The good that will do them). Don't
Frame me or I'll bust you in the
Doldrums. ─Now let's
Switch the subject & try to find
Out what's on your mind. Voyage of life
Getting you down? Felt better when things
Were really rocky & now there's smooth
Sailing but it's lost its meaning? I'm a
Good listener & only mildly demanding:
There's just the one-time fee (mostly
For paper & printing & distribution
Costs) & unlimited returns. I'm bubbling over
With empathy & good advice & I'm not
Afraid to tell you where I think you've
Gone wrong. Let's face it─
From the word go you've
Resented me─resented my being finished
In the face of your─what?─continuing
On? But I don't mean to be complete
If that makes you feel distant; still
As I say, I
Do want some distance. She was a
Sort of Betsy Ross figure but without the
Accoutrements─no washer/dryer, just the one
TV. I said to her─What can you expect
From a poem?─evidently a lot less than
She did. A poem bleeds
Metaphorically, just like I do. I can
No more breathe than face
The music. But if the first
Banana smells a rat look out for
Lost leader (tossed reader). ─"I
Don't think I'm ever
Going home." ─ I don't think
I've ever been home. We are looking for
Cheerful, enthusiastic self-starters
With solid backgrounds in detailed
Wails. The point
Not to change history but to change
Events. For instance, you
Can change in the car, change on the
Beach, or use a changing room
At the beach. Don't change me
& I won't change a hair on your
Chinny chin chin. Or let me
Put it this way: You can call
Me anything you want to but give me
The right change. That's right: I
Haven't changed, you have. It's
Not the time it's the beer. I'm in
A rush, don't forget to send a
Check. Not a con
just a dodge. Not a dodge a Lincoln-
Mercury. Take me to your leader. Take me
To the 5 & Dime I've got to go.
Faith under leisure: as difficult as
Keeping a hat in a hurricane
Or an appointment with an erasure.
One Mandela hit the other Mandela in the nose.
What color blood came out?
R - E - D spells red.
Are you people? You're about the nicest people
I know & I know some pretty unpleasant
Characters.

(«The Influence of Kinship Patterns upon Perception of an Ambiguous Stimulus», Verse, 1991)

viernes, 30 de octubre de 2015

Pinceladas de la poética ashberiana

Page from Self-Portrait in a Convex Mirror (1984), offset lithograph, Richard Avedon.


Escribía sobre lo que no veía. La experiencia que me eludía de alguna manera me intrigaba más que la mía propia, y eso me ha sucedido a lo largo de los años.

(«An interview with John Ashbery», San Francisco Review of Books, vol. 3, nº7, 1977).

                                                                                                     

El mundo mágico realmente existe.

                                               (Tres poemas, 1972).

                                                                    

¿Qué es escribir?
Bueno, en mi caso es poner sobre el papel
No pensamientos, exactamente, pero sí ideas, tal vez:
Ideas sobre pensamientos. Pensamientos es una palabra demasiado grande.
Ideas es mejor, aunque no es exactamente lo que quiero decir.
Algún día lo explicaré. Aunque hoy no.

                 (Autorretrato en espejo convexo, 1975).

                                                                                                     

Me siento atraído por su estilo. Su trabajo parece tener un aire de total libertad en la expresión y el imaginario, algo que alguna manera es interesante y desconcertante. Después de leer alguno de sus poemas, siempre me veo tentado a leerlo y releerlo. Parece que mi inexperiencia me impide comprender sus significados.

Realmente me gustaría saber qué es lo que hace para «magnetizar» su poesía, a la cual el lector curioso, siempre un poco confundido, retorna a por una percepción más clara.

  (Autorretrato en espejo convexo, 1975).




miércoles, 15 de julio de 2015

La caída

Atonement (2007), Joe Wright


 (Esto es un hombre: las fogatas que alzamos
triangulando la noche,
haciéndola de nuevo, aunque no dure).

Julio Cortázar

El pensamiento es una geometría inútil
que se empecina en encuadrar
con fiebres refulgentes
el misterio.
A mí me gustaría inclinarme un poco,
desestabilizarme,
y aprovechar de una vez por todas la gravedad
─que no es más que el vuelo invertido del amor.

Sea así,
y beso tus huellas. 





sábado, 11 de julio de 2015

Misantropía = Antropofanía

Estudio de Dylan Thomas en The Boat House


En mi renuncia combato,
en mi aislamiento me hermano con el mundo.
La poesía habla de sueños
que crean surcos disonantes
en la jodida realidad.
Música de ficciones vivas que escupe a la cronología.
En esta herida me apeo
y sigo cantando desde su poderosa inutilidad.

lunes, 6 de julio de 2015

El conjuro final

Love without reservations (1956), Leonor Fini


Estamos flotando en un jardín oscuro
y no tenemos familia ni amigos,
sólo nuestros nombres.
Pero mi nombre puede cambiar
como el pétalo desciende
y se alza con la brisa
para descender de nuevo,
y seguir descendiendo, siempre,
hasta finalmente besar la piedra de tus labios en la tumba. 

sábado, 4 de julio de 2015

To linger

Francesca Woodman.


Parto como quien vuelve a casa.
Me recompongo en la soledad,
pieza a pieza.
Permanezco si llego a tomar forma.
Si no lo hago también permanezco.
Me arrullo,
me mezo,
me canto.
Mi voz es una enfermedad terminal

                                  como todo lo humano. 

martes, 30 de junio de 2015

Declaración de inicio




Cada uno de mis poemas pretendió 
ser un instrumento útil de trabajo    
(Estocolmo, 1971)  
                                       
Pablo Neruda



Las páginas no sirven.
La poesía
sino la forma de una página, la emoción,
una meditación ya tan gastada.
Pero, en concreto, señores, nada cambia.
En concreto, cristianos,
no cambia una cruz a nuevos montes,
no arranca, alemanes,
la vergüenza de un tiempo y de su crisis,
no le quita, marxistas,
el pan de la boca al millonario.
La poesía no hace nada.
Y yo escribo estas páginas sabiéndolo.


Muertos y disfraces (1974), Marco Antonio Campos.

lunes, 29 de junio de 2015

Desciendo a mi paraíso común

 Untitled (1980), Francesca Woodman

La tristeza es sublime,
lo subliminal de la tristeza es poesía.
Un riachuelo de plata en mis manos,
el destino oculto
que prometen las madrugadas
es siempre una mirada hacia el vacío opaco.

Y entre tú y la vida
ya me di muerte.

Caminar por tugurios, pechos y espaldas.
Desempolvar la luz del plumaje ceniciento
sin negar lo que se es:
una celosa amante de la tristeza.

viernes, 26 de junio de 2015

flâneries: el no-cielo parisiense según Cioran

 vres-Babylone (1948), Willy Ronis. 


El tedio parisiense, meridional, balcánico...
El tiempo enmohecido sobre las casas, sobre las fachadas que la historia ha salpicado de hollín… Venecia es reconfortante comparada con la cautivadora desesperanza de las calles disolventes de París. Paso por ellas y todas las congojas que provocan las vacilaciones de la fortuna  se me antojan sutiles vaivenes, timbres de gloria que me hacen ir codo a codo con la ciudad cansada. ¿En qué creer aquí? ¿En los hombres? Pero si ellos fueron. ¿En los ideales? Después de tantos, implicaría carecer de estilo. Reposo, entonces, en las fatigas de Francia y me elevo hasta el prestigioso hastío de su corazón.
La bruma gotea sobre París sus paraguas de pensamiento y se vuelve expresión de la historia antes que de la naturaleza. París está viviendo en el siglo de la niebla. ¿Por qué no puedo imaginármela en la época de los Luises? La niebla parece traducir un momento y no una esencia. La naturaleza participa en un ocaso histórico.
Me vuelvo hacia las casas y me quedo mirándolas. Y cada una de ellas se vuelve hacia mí. «Acércate, tú no estás más solo que nosotras», murmuran mis compañeras de días vacíos y noches interminables. Podemos sucumbir al encanto de las ciudades italianas, pero en ninguna parte se estará más cerca de las cosas que se integran en el hombre.
Cuando tarde ya, purificado de suspiros nocturnos, das vueltas y más vueltas sin esperanzas y sin desilusiones alrededor de la iglesia de Saint-Severin, de Saint-Etienne-du-Mont o te pasas horas y horas en la plaza de Saint-Sulpice, esperando una mañana que no deseas, la ciudad despoblada se eleva contigo hacia las inmensas inutilidades del silencio. ¿Sabrás tú hasta dónde la hiedra que flota diseminada allí donde el Sena refleja Nôtre-Dame, se ha reflejado en ti? A menudo he descendido con ella en el ahogar virtual de sus sinuosidades melancólicas.
Y en pleno día, sacudido por la sugestión de una ausencia, las fragancias de París hacían cobrar vida al vacío de tu razón de ser. Este es Su encanto, el verter consolaciones de belleza sobre los males incurables del alma, llenar de impalpables sortilegios los vacíos creados por el tiempo en que se vive. La ciudad te comprende. Se posa sobre tus heridas. Te crees perdido: en ella te reencuentras. No necesitas nada; está ante ti. Solamente Ella pude reemplazar a un amor (como el amor, también ella se te sube al corazón) y, qué extraño desatino, los hombres aman más aquí. Es tanto lo que he sido en ella que, si la abandonara, me separaría de mí mismo.
Jamás he visto un cielo tan alejado como el que se ve desde el fondo de los callejones en los que me emborrachaba de oscuridad. Pero en los bulevares, este cielo se extiende de pronto sobre la ciudad y prolonga indefinidamente el tedio con el que sueña sobre tejados pensativos.
Y aunque reviviera todos los firmamentos que se ciernen sobre mares mediterráneos y las neblinas generosas que bañan las landas bretonas, ninguno de ellos podría borrar su recuerdo. Y cuando quiero definir su encanto, caigo en mí y me lo defino: la imposibilidad de ser azul. Las nubes se deshacen lentamente; los jirones de azul no se encuentran. No pueden éstos conseguir componer un cielo que se busca y no se realiza. Los rayos de luz se filtran difusos por indecisas nieblas y se posan sobre un espacio enturbiado. Extensión gris y blanca, siempre está tapando algo: el cielo está más allá. París no tiene «cielo». Y, de tanto esperarlo, te mezclas con la niebla luminosa, pierdes en ella tu desengañada añoranza por el azul celeste, te desvaneces en la gama pardusca y caprichosa de la bóveda aparente, con el pensamiento puesto en un más allá que no sabes si quieres o no. El cielo holandés de París…
Con él me he entendido como jamás lo he hecho con nadie. Cuando elevaba la mirada hacia su inestabilidad, cada uno de sus aspectos traducía una de mis impaciencias. Cambia de hora en hora, se compone y se descompone: inconstancia de la altura, demonio escéptico del azul y de las nubes. Abandonado muy a menudo en el crepúsculo humano de la Ciudad, ¿cómo habría salido yo de la inmediatez del ninguna-parte del amor sin el consuelo de su alta vecindad? Es un otoño en flor, un fin teñido de aurora. Lo lleva uno consigo bajo todos los otros cielos.
… Y cuando, harto de atardeceres al mediodía, bajas al sur ansiando primaveras, el azul resulta ser una felicidad que envenena muy pronto su propia abundancia. La desesperanza de los días idénticos, el abuso de cielo, la saciedad de lo inmaculado se adueñan de ti y miras hacia la fuente de los consuelos con odio y aversión. ¿Dónde esconderse de tanto cielo, del inflexible sol, de la siniestra repetición del esplendor? Cuando no se tiene corazón para tanto azul ni espacio en los pensamientos para los candores de la luz, el hastío endulza con su veneno la severidad de la cruel irradiación y proyecta oquedades de pensamiento en el desierto monótono. ¿Cómo encontrar felicidades que puedan comprarse con un cielo como ése? Su perfección mata a toda alma nacida de imaginaciones inciertas.

Emil Cioran, «19», Breviario de los vencidos, Barcelona, Tusquets, 2010, 51-55.

viernes, 19 de junio de 2015

Estética de la abdicación


Conformarse es someterse y veces es conformarse, ser vencido. Por eso toda victoria es una grosería. Los vencedores siempre pierden todas las cualidades de desaliento ante el presente que los llevaron a la lucha que les dio victoria. Quedan satisfechos, y sólo satisfecho puede estar quien se conforma, quien no tiene la mentalidad del vencedor. Sólo vence quien nunca alcanza. Sólo quien siempre pierde el ánimo es fuerte. Lo mejor y lo más digno es abdicar. El imperio supremo es del emperador que abdica de toda la vida normal del resto de los hombres del que no siente la preocupación por la supremacía pesar como un fardo de joyas.


Fernando Pessoa, Sobre literatura y arte, Madrid, Alianza, 1985, p. 309.

jueves, 18 de junio de 2015

Fracturas líquidas

 Untitled, Boulder, Colorado (1976), Francesca Woodman.

Todo lo licúa este cuerpo, todo se le escapa. Las palabras se alejan como humo de otros tiempos.
Tu caricia es un viento oscuro y todo se aleja.
Untuoso balanceo mántico de reproches y alegorías,
si esto nos llevase alguna parte
qué nos diríamos.
Pero no importa, porque toda caída disuelve las leyes tiránicas.
El periplo que es condena y fénix,
la estúpida moraleja y la herida sangrante de nuestros nombres.
Ya no me importa tener un imán en los ojos para la infelicidad.
Este inmenso dolor moldea una vida que te es entregada esta noche para que le des muerte.
Así sólo hay recomenzar, así sólo hay aprendizaje:
lo Absoluto tan sólo se confirma a través de su búsqueda imposible. Paradojas indivisibles como nuestros cuerpos a pesar de enlazarse, a pesar de repelerse tras el placer que siempre nos pone tristes, a pesar de no volver a encontrarse jamás, a pesar de existir mañana.
El hallazgo vacío llena las manos si son movidas por la atracción fatal del universo. Así desembarcaste en mis senos, y luego, mucho tiempo después, me diste la mano para pasear por las eternas calles de la discordia.
Desconfiamos con los besos y nos entregamos en la distancia. Ahora somos tan nuestros como ausentes, tan embriagadores e inasibles como un verso.
Y si el paso siguiente es lanzarse al río,
ya sabes lo bien que se me da colmarme de locura, perder los estribos y sacudirme en la certeza de que unos pocos han diseñado esta vida para domesticar a los salvajes.
Ya estoy hundida. Ya estoy despierta.
Si quieres, tengo un océano para ti.
Pero si quieres paso firme, pero si quieres buenas formas, pero si quieres conectores,
aquí no hay nada para ti,
entonces no me busques.