jueves, 17 de julio de 2014

Recapitulación

 28.07.12
Un cuento chino llamado Amor

Érase una vez nosotros y el poder de la ciudad. Las tertulias enfrente del bar con el cigarrillo en la mano, casi besando el asfalto. El tiempo que viraba y se posaba azarosamente en tus gemelos o mis pezones. Érase una vez una historia que me contaron sobre ti. Mientras, te veía enfrentarte al mundo con tu adusta mirada. Las formas en las que te manifestabas eran tan incompatibles entre sí que los estragos que causaban esas luchas sobre nosotros —y sobre todo sobre ti— nos ahogaron a miles de kilómetros de la costa, y decidimos volver, o suicidarnos, pero nunca dejarnos matar el uno por el otro, aunque en tus manos siempre gemía un dulce ardor a muerte, abrazándose con las piernas o nuestras lenguas osadas, encajando más allá de altas mareas. Con el tiempo nos empezamos a acostar con nuestro círculo de amigos más próximo, para sentirnos un poquito más cerca, como extrañarse siendo egoístas y agnósticos. Cualquiera que agarraba y siempre mal. Ella tartamudeando, por vez primera siendo racional. Pronto él se fue apaciguando, y dejó de dejar verse; ella empezó a hacerlo con palabras ciegas, pero nunca tuvo duda de que tan sólo con cruzar una esquina, moverse una nube, cambiar de estación, o ver unos ojos verdes, sería eterna como la más cruda venganza.

                                                                                                                                             31.08.12      

Seré plañidera mal pagada del entierro de tus besos execrables. El compartimento ocupado de un tren que se dirige a Normandía o más al norte. El peso pesado de tus ilustres esfuerzos por aniquilarte en destellos de extinción. Sísifo se cree en la cima del mundo como tú deshechas el amor, sin saber que esa indolencia es tan efímera como la vida de una polilla. O ver tantos documentales me ha trastocado verdaderamente la cabeza, pero vislumbro que lo veo demasiado bien, este orden primordial de las cosas.
La venganza debe seguir tejiendo. Si es que siga siendo relevante que la venganza responda a la utilidad del orgullo, siendo éste su razón en sí mismo en seguir viviendo, si es que la existencia tolere tal estatismo; mientras que la dignidad es del alma mía. Y contra eso, mi amor, tan sólo deberías amarme. 

09.02.13

La antítesis ocular de converger en una fotografía

Fondo oscuro-fondo claro, siempre es oscuro el fondo que cubre las infancias, telar de aguas enfurecidas. El fondo pues, es oscuro. Dos focos de luz nos iluminan, el enfoque parece perfecto. Ambas circunferencias se rozan en su trazo casual, a duras penas, por un momento, el embrión germinado en su hermandad propone un nuevo centro de las cosas. Y ahí estamos, los dos hálitos de luz agudizan la palidez de nuestros cuerpos que contrasta con el fondo; resalta tu ojo azul, mi ojo verde, como una reiteración de los focos parejos, si vamos más allá también lo serían las pupilas y los ombligos. Nuestros pechos son el tema central de la fotografía. El mío cubierto por lencería minimalista, en tu desnudez, sin embargo, se intuye —porque el halo censura el resto, pues no iba a tener también límites— más recato que en mi boca. Esta maldita saca a colación los posavasos que nunca utilizamos, la prevención intacta… y no le queda más remedio que hacerlo con palabras. La lente es la misma y el objetivo dos  imbricaciones de un globo ocular, bimembre perro andaluz. Ahora comprendo que somos el desenfoque de una misma persona con trayectorias invertidas: tu desmotivación, mi lucha. Miller ya empieza a hablar. El mundo se completa en centímetros accidentalmente comunicados por térmicos sueños y conversaciones suspendidas. Fotografía esclerótica sobre el mandamiento «No Volverás», porque entonces todo tiene demasiado sentido y las noches no se nos arremolinan e inevitablemente te sientes más idiota y más frágil al tomar conciencia de la insignificancia del papel que te empeñas en no asumir en este juego estrepitoso que es amarnos, en esta condena divina que nos aboca al periplo, a la imposibilidad de olvidarnos.




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