martes, 22 de julio de 2014

«me nace un pájaro en la boca» (Juan Gelman)

El violinista azul (1947), Marc Chagall

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Cuando al entrar el verso me disloco
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los arboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, sí, qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo,  
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos, 
el corazón con verbos, la camisa 
a dos puntas y exprimirme, 
quién me manda, te digo, siendo juan, 
un juan tan simple con sus pantalones, 
sus amigotes, su trabajo y su 
condenada costumbre de estar vivo, 
quién me manda andar grávido de frases, 
calzar sombrero imaginario, ir 
a esperar una rima en esa esquina 
como un novio puntual y desdichado, 
quién me manda pelear con la gramática, 
maldecirme de noche, rechinar 
fieramente, negarme, renegar, 
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión 
con su gorriona, sus pichones y 
su nido, su capricho de ser gris, 

o ser picapedrero, óigame amigo, 
cambio sueños y música y versos 
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición: 
                              déjeme un poco 
de este maldito gozo de cantar.


ESTOY sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti
 
Me he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños.

El viento de la noche abate estrellas temblorosas en mis manos, que aún no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo.

En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste y a veces les daría la libertad que exigen para volver a ti, con el helado filo del cuchillo.

Pero no puede ser. Porque estás tan en mí, tan viva en mí, que si me muero a ti te moriría.


(Violín y otras cuestiones, 1956)

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