miércoles, 18 de junio de 2014

Canción de obituario

Los amantes (1928), René Magritte

Ahora que estamos muertos
salimos y bebemos cuanto quieras.
Me pongo los tacones
sin garantías,
sin las sandalias en el bolso, ¿ves?
Hoy amanecemos en el malecón
de nuestros veinte años.

Hoy no te prometo que no follamos
aun a sabiendas de que siempre sí,
aun a sabiendas de ti y de mí,
de nuestra afinidad para el desastre
y nuestro mutuo acuerdo
para descarriar a la felicidad.
Ese jodido antídoto
se nos escapa,
se disuelve en tu vaso,
y nadie como yo para verter
en silencio estas ganas,
esta nostalgia inútil
de haberte amado tanto.

Quizás lo peor 
es haber sobrevivido a tu ausencia.
Será que lo mítico de esta historia
sólo existe para estar disconforme.
Porque no hay en la tierra, todavía,
nadie tan idiota como nosotros
que crea que el amor
se perpetúa leyendo Rayuela.
Nada tan dulce como una mentira,
si es tuya y mía.

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